domingo, 10 de diciembre de 2017

Y cumplí 40.



Así es. Cumplí 40 años y lo celebré como se merecía. Como diez años antes lo hice al estrenar la treintena. Y lo cierto es que no cambiaría este momento por ningún otro. Me encuentro muy bien, de vuelta a casa, desempeñando un trabajo que me encanta y rodeada de personas especiales. 

Muchas de ellas estuvieron conmigo la noche en que cumplí 40 años. Algunas vinieron de lejos, otras estaban aquí al lado, e incluso, hubo alguna con la que habíamos dejado pasar demasiado tiempo desde la última vez.

Hoy, después de varias semanas en silencio porque no me da, literalmente, la vida, recupero este blog para recordar que la amistad es un valor que debemos cultivar. A los amigos hay que cuidarlos, llamarles y compartir cafés, cañas y cenas con ellos. Dejemos las redes sociales para quienes no conocemos personalmente. Escuchémonos mirándonos a los ojos, hablemos cara a cara de lo que nos preocupa o nos hace sentir alegría. Porque los verdaderos amigos nos necesitan y nos hacen bien. 

Mis amigos me conocen muy bien. Por eso, al cumplir 40 recibí los regalos que más me pueden gustar: calcetines, jabones de aromas maravillosos, cuadernos bonitos y libros fantásticos, esencialmente. Eso y mucho más. No pretendo enumerar todo lo que recibí porque fue demasiado. Pero diré que, en apenas un par de días, leí el primer libro que una de esas personas especiales me entregó: Hôzuki, la librería de Mitsuko. 




Joan lo eligió porque sabe que me gustan las librerías y los autores japoneses. Soy así de 'intensita'. Lo hizo al azar sin saber que, además, la editorial Nordica es una de mis favoritas. Tampoco sabía que la novela de Aki Shimazaki aborda el tema del aborto que, a pesar de mi historia personal, no me duele. Todo lo contrario me gusta leer sobre al amor maternal y sus formas. 

Recomiendo esta pequeña novelita porque es sutil, emotiva y preciosa. 

Prometo no desaparecer demasiado tiempo... 

martes, 24 de octubre de 2017

Tres exposiciones en Madrid. Y una tienda imprescindible

He recuperado uno de mis mayores placeres. Aprovechar el fin de semana y darme un atracón de arte. Lo he hecho y me ha sentado de maravilla. Éstas son las tres exposiciones que recomiendo apuntar en la agenda y visitar antes de que sea demasiado tarde. 

William Morris y compañía: el movimiento Arts&Crafts en Gran Bretaña. Hasta el 21 de enero de 2018, la Fundación Juan March de Madrid presenta esta delicada muestra. La entrada es gratuita y cuenta con un extenso programa de visitas guiadas, también en inglés. 

Cada día siento nostalgia del año que viví y dormí intensamente en Escocia, y me acerqué sospechando que ellos serían parte de la exposición. No me equivoqué. Me refiero a Charles Rennie Mackintosh y a su mujer, Margaret Macdonald. Reconozco que encontrar algunas de sus piezas, hizo que me emocionara. 





En dicho país, conocí su obra y vida. Y en poco tiempo, me sumergí en su universo siguiendo su huella, profundamente marcada, en la ciudad de Glasgow. Lo conté aquí en un post que ahora vuelvo a compartir y también en mi blog furgonetero: Nosinmifurgo

Si bien, el eje principal de esta exposición es el trabajo de otra persona: William Morris. Alguien que exploró múltiples facetas artísticas dado que fue diseñador, artesano, poeta, ensayista, traductor, bordador, tejedor, tintorero, ilustrador, calígrafo, tipografista, novelista, editor, conferenciante y también le dio tiempo a ser empresario, ecologista, agitador político, defensor de los edificios históricos y socialista. 

Él apoyó la artesanía frente a los productos fruto de un proceso mecanizado. Promocionó los trabajos artesanales y apostó por situar las artes decorativas en el lugar que merecían, es decir, dejar de ser consideradas como menores. 

Mobiliario, textiles, joyas, papeles pintados, vidrio, cerámica y fotografías son algunos de los objetos que secundan su opinión y ponen de relieve que lo útil puede ser bello. 

Por Sorolla siento simpatía desde que, en el Instituto, aquella profesora pelirroja llamada Milagros nos pidió realizar un trabajo sobre un artista y yo le elegí a él. Abrí la Larousse y aprendí todo lo que allí encontré. Tiempo después, cuando llegué a Madrid, rauda y veloz me acerqué al Museo Sorolla. Y hasta él, he vuelto multitud de veces. 

No importa la estación del año, siempre resulta agradable la entrada a través del jardín y, después, sentarse un ratito en un banco y disfrutar del sol madrileño. Volví el domingo sin saber que hasta el 21 de enero, alberga la muestra Sorolla en su paraíso. No me cansaré de decirlo: Soy una mujer suertuda. Además, los domingos la entrada es gratuita. 

Se trata de un recorrido fotográfico por la vida del pintor. Maravillosas instantáneas lo muestran trabajando, retratando a grandes figuras en su estudio y a su familia, así como en exteriores. Los autores de las fotografías son célebres retratistas de la época. Yo, que me fijo en los pequeños detalles, reparé en lo limpios y brillantes que tenía Sorolla los zapatos. ¿Los llevaría así siempre? ¿O no dejaría pasar la ocasión de verse ante un objetivo para sacarles lustre?

La Sala Canal de Isabel II, junto con el anterior museo, encabeza mi lista de espacios expositivos favoritos. La entrada es gratuita y también cuenta con visitas guiadas por expertos. 

El espacio es maravilloso, incluso vacío sería interesante visitarlo pero lo mejor es que siempre alberga muestras de primer nivel. Atención porque el tiempo pasa volando y luego habrá quien se lamente. Hasta el 12 de noviembre, se puede visitar la fascinante muestra sobre Manuel Pertegaz







Se pueden contemplar de cerca diversas piezas de alta costura. Son obras que muestran la evolución de su trabajo, desde los inicios y durante prácticamente siete décadas. A través de ellas se entiende a la perfección el verdadero significado de elegancia y distinción.  





Se comprende cómo la belleza es atemporal, y vestir hoy sus piezas creadas en los años 60 sería un auténtico lujo. Además, provoca cierta nostalgia constatar que nada es como antes. Porque la sofisticación, efectivamente, era eso.





En la última planta, proyectada de forma circular, Vanesa Lorenzo camina con garbo y personifica el canon femenino y el lenguaje de Pertegaz a la perfección. Atención, además, a la música que marca un ritmo muy interesante, que ensalza cada paso, firme y seguro, de la modelo. 

Finalmente, una cuarta recomendación que no caduca y a la que le auguro larga vida. Se trata de la tienda Bureau Mad. Ocupa el número 8 de la calle San Pedro, donde anteriormente Nuria Quilis regentaba su particular universo llamado Passage Privé. 

Ahora es Candela Madaria quien habita el espacio y le ha devuelto la vida con botijos, platos y otros maravillosos ejemplos de alfarería de calidad. 



(Fotos CyC)

Sobre ella, hablaré largo y tendido, pronto, en El Hedonista. Pero vosotros no tardéis en descubrir su tienda y taller en el que diversos artesanos imparten talleres. Os encantará. ¡Ah, y abre los domingos por la mañana! 

martes, 17 de octubre de 2017

Tiendas no solo bonitas

Supongo que este blog vuelve a sus orígenes, cuando casi casi era una guía sobre Madrid: tiendas, bares, restaurantes, exposiciones...

Aquellos lectores que preferís mi vena sensible, y un poquito intensa, permitidme un tiempo para asimilar todo lo que me ofrece la ciudad, que es mucho. 

Dicho esto, en estas últimas semanas, he descubierto algunas tiendas muy especiales y me gustaría compartirlas. Aunque a mí no me gusta demasiado ir de compras, me conquistan los espacios bonitos. Y estos, sin duda, lo son. 

Zubi. Entrevisté a las hermanas Zubizarreta hace unos meses para El Hedonista y conocerles a ellas y su espacio estaba en mi lista de pendientes. 




(© Zubi)

No diré más porque podéis conocer su proyecto en la citada entrevista. Bueno, remarcaré que es de obligada visita cuando se buscan bolsos, accesorios y objetos realmente especiales. 

Ropa Chica. Leo las etiquetas de las prendas que deseo adquirir y considero muy importante no participar de la explotación a personas que practican las grandes marcas. 






Por eso y porque es de líneas sencillas, me ha gustado esta firma pequeñita fundada por Carola Huidrobo. Ella fabrica en España y los tejidos proceden de aquí así como de Portugal y de Francia. 



(© Ropa Chica)


Meet. En la calle Palma es otra dirección realmente singular con moda y artículos, también papelería, seleccionados con mucho sentido.




(© Meet)


Pinkoco. Bajo este nombre se encuentran dos propuestas. Por un lado, una tienda de muebles y objetos, y por otro, un bar muy agradable. El primer espacio está en el número 15 de Piamonte y el segundo, apenas a unos metros de distancia, en Santo Tomé, 8. 

Henna Morena. Especializada en fitoterapia y productos para el cabello, es el proyecto de Sandra Vivancos. La fundó en Barcelona y trabaja en red con proyectos éticos y solidarios en India, Grecia y Burkina Faso.

Me gustó que la persona que me atendió no quiso venderme nada. Observó mi pelo y dijo que no necesitaba ningún producto. Admito que solo utilizo champú y un acondicionador sin parabenos ni siliconas y otros aditivos, pero ninguna mascarilla. 

Si la necesito, volverá a esta bonita tienda y quizá me anime a probar alguno de sus aceites.

Papiroga. Yo que casi nunca me cambio de pendientes y que carezco de estilo para lucir un collar o el complemento más básico, sentí fascinación por la nueva colección de esta marca también española. 





(© Papiroga)



Estoy convencida de que lucir una de sus creaciones consigue cambiar tu humor, como ellas sugieren.

Cocol. De reciente apertura en la Plaza de la Paja, reúne objetos de marcado carácter mediterráneo. Destacan los materiales de calidad y apetece llevarse todo: telas, cestos, cerámica... Sí, hasta esa boina de un favorecedor tono rosa de la conocida casa Elosegui


 

(© CyC)


¡Sigo explorando Madrid porque me queda mucho!