miércoles, 16 de mayo de 2018

Un libro que todo el mundo debería leer

Ayer, en apenas unas horas, leí posiblemente uno de los mejores libros que he leído en mi vida. 

No exagero. En su día, me gustó Verde Agua de Marisa Madieri. También, mucho, En Grand Central me senté y lloré de Elizabeth Smart. Y por supuesto, Solo pido un poco de belleza de Rovira Bru.

Pero el libro que ha escrito Olivia Rueda, se queda conmigo para siempre. 




Como otras veces, fue un flechazo a primera vista. Me fascinó la portada. La mirada de Olivia. Y me encantó el título: No sabes lo que me cuesta escribir esto.

Y me convenció la editorial: Blackie Books. Me atraen siempre sus volúmenes. 

Asumido la influencia de la apariencia del libro (con el vino también me pasa...), he de decir que no lo compré a la primera. Porque el día que lo tuve entre mis manos, en la librería Cerezo, en Logroño, no tenía suficiente dinero para pagar todos los libros que había cogido. Uno de mis trucos es no ir a las librerías con tarjeta...

Pero el lunes, volví a Cerezo y fui directa al estante en el que Olivia me miraba fijamente. 

Ayer, fue un día de trenes y mini siestas. Y entre medias, me sentí fascinada e hipnotizada por la historia de esta mujer que podría ser yo o que podrías ser tú. 

Ayer, yo regresaba de Logroño y quizá estaba vulnerable porque a quien visito allí, mi hermano Nacho, también protagoniza una historia de seres humanos inmensos. Como la de Olivia. Y esta entrada es sobre ella, que la de Nacho también está contada en otro librito, curiosamente azul (¡Continúa caminando!). Permitidme la cuña publicitaria... Sí, es mi libro sobre la historia de la enfermedad de mi hermano (Parkinson) y su albergue, Check In Rioja. 

Pero hoy la protagonista es ella.

Os invito a conocer a Olivia. Os invito a descubrir cuánto se esfuerzan las personas a las que la vida les jugó una pasada. Porque así es la vida, Olivia demuestra que keep walking, que hacia delante y que está dispuesta a poner lo mejor de sí misma para recuperar la movilidad de su lado derecho y la capacidad de hablar y escribir. 

Ella ha escrito este libro. Y tiene un mérito brutal porque además está bien escrito, es cercano, sencillo y bello. Intuyo que tan cercano, sencillo y bello como ella es. 

Porque quien lea No sabes lo que me cuesta escribir esto quizá cambie la forma en la que mira y se dirige a las personas con alguna diferencia. A Nacho también le miran. ¿Y sabéis algo? Que eso, la mirada de los otros duele un huevo.



Por eso, hay que leer historias como la de Olivia. Para agradecer cada día que estamos vivos. Para perfeccionar la empatía, entender y ayudar. A veces, mirando de otra forma. 

Gracias, Olivia por escribir este libro. Sé que te ha costado mucho. 

sábado, 12 de mayo de 2018

Nuestros mayores




Justo ayer acabé de leer Quiéreme siempre, libro escrito por Nuria Gago. 

Dije que no era la mejor novela que había leído, pero reconozco que me emocionó, que me provocó unas lágrimas. También reconozco que soy muy blanda, que lloro por casi cualquier cosa.

Hace un ratito, lo he hecho. 

Ha sido al salir de casa de Charo. 

Ella es vecina de mi hermano Nacho, vive justo enfrente de Check In Rioja. Desde la ventana de su casa, se asoma una y otra vez:

- ¡Nacho! ¡Nachooo!

Y a partir de esa llamada, el diálogo suele ser siempre el mismo. 

Que si has visto a mi marido, que dónde le has visto y que si te ha dicho cuándo volvía a casa.

Nacho le responde procurando no llevarle la contraria. A veces, ha visto al marido en el mercado y otras a la vuelta de la esquina, en la Avenida de Navarra. 

No contradice a Charo para que ella no se ponga nerviosa.

Charo es anciana. No tenemos muy claro si padece demencia senil o Alzheimer. Pero algo padece porque antes salía de casa incluso para dar un paseo hasta el cementerio. Porque el marido de Charo no vive. Murió hace tiempo.

Ella no tiene hijos. Es gitana, como la mayoría de nuestros vecinos del albergue. Nadie le visita. Supongo que sus hermanos, si los tuvo, están muertos. 

Y hace un rato yo he llorado porque, desde la ventana, me ha dicho que necesitaba hablar con Nacho (su nombre nunca lo olvida) porque se había muerto su cuñado y tenía que decírselo a su marido, al que hacía unas horas que no veía, que no sabía dónde está.

Le he explicado que se había roto una manilla de un baño y que Nacho estaba arreglándola. 

Mi nombre no lo recuerda. Antes siempre me llamaba y me decía:

- 'María, pero qué guapa estás'

Ella sintió mucho mis dos abortos. 

Le he dicho que no se preocupara porque en cuanto acabara con la puerta, Nacho subía y le decía si había visto al marido. 

Entonces me ha dicho que tenía mucha hambre. 

Los servicios sociales le llevan cada día el desayuno, la comida y la cena. Limpian su casa.

Pero nadie le hace compañía. 

He llorado porque le he subido una caja de leche y unas galletas. Y hasta su gato me ha mirado agradecido.

Y lo cuento porque Quiéreme siempre va de esto. De cómo en España estamos abandonando a las personas mayores. Porque tienen comida, e incluso, un servicio de limpieza de sus hogares, pero no tienen compañía. 

Charo no tiene hijos ni tampoco hermanos. Se pasa las horas sola, asomada a la ventana. Y claro, necesita llamar a Nacho. 

No podemos permitirnos una sociedad así. No debemos por una cuestión de ética. Se trata de solidaridad.

Hoy es Charo, pero en unos años seguramente seré yo, que tampoco tengo hijos ni los tendré. 

Dicho esto, establezcamos fuertes vínculos con los hermanos. Sí, lo digo yo que con Nacho pasé un bache horrible. Establezcamos fuertes vínculos con los amigos, también. 

Porque mañana, no muy tarde, necesitaremos compañía, alguien con quien ir al médico y que nos prepare la comida o con quien podamos compartirla. Y un cafecito descafeinado porque a cierta edad, la cafeína... Necesitaremos sobre todo compañía.

Titulo esta entrada con el posesivo, con 'nuestros', porque no deberíamos volver la mirada hacia otro lado. 

Se llama solidaridad. 

Se llama vida, que a veces es tremenda. 

miércoles, 9 de mayo de 2018

Mi otra fiel lectora

Resulta que Ana no es mi única lectora fiel. Desde el sábado sé que también lo es Elena. Me lo dijo mientras compartíamos algún vinito y una comida muy rica. Me pidió escribir con más asiduidad aunque apenas fueran unas líneas. Ahí van. Seguro que hoy escribo más que nunca. 

Recomendaré los lugares en los que precisamente estuve junto con Elena. No salimos de nuestro barrio y la primera parada fue en El Escudo, faltaría. Es mi clásico favorito. Apenas a unos metros de distancia se encuentra Arima Basque Gastronomy, al que tenía muchas ganas de ir. 

Madrid es muy pequeño aunque no lo parezca y el sector de la gastronomía, también. Allí estaba Rodrigo (ex Chuka) y allí nos tomamos una Gilda Joxefa 2.0 y una croqueta de uno de los quesos que más me gustan: Stilton. 

Continuamos con Lakasa de César Martín, donde nos hicieron un hueco en la barra y donde estuvimos charlando sin mirar la hora. 

César es un grande de la cocina española. La bordaba en Balzac y la borda en su casa, en Lakasa. Junto a él, su compañera Marina Launay, son dos almas imparables que saben de servicio, de producto y de todo lo necesario para enganchar. 

Si alguien quiere meter la nariz en su cocina, en la web tienen una conexión en streaming. Vamos, que se asiste en riguroso directo a lo que acontece en el restaurante. 

La carta apetece desde el primero y hasta el último bocado. Uno no se puede saltar las gambas cristal fritas con mayonesa de pimentón. Se comen como pipas, tal cual. 

Nosotras continuamos con el tomate y el bonito escabechado por ellos; la raya asada sobre pimientos rojos (¡Pensé morir de gusto!) y la carne roja de Guikar a la brasa. De postre, lemon pie. 

Pero este post, que espero lea Elena, no puede ser una croniquilla sin sentido de nuestra comida. Porque ella la vivió y pensará: ¿Pues sí que me ha hecho caso? Así que añadiré dos libros y un museo. Soy muy original (léase con ironía), lo sé. 


El primero se titula Contra los hijos y lo firma Lina Meruane. Y aunque me quedan muchas páginas, apenas lo empecé, diré que tela telita lo que podemos pensar y repensar en torno a la maternidad. Sí, no añado paternidad, solo maternidad. Porque ése es el concepto que nos han inculcado más que ningún otro. Ahí lo dejo... quien quiera ampliar, que lea a esta autora.





El segundo se titula Quiéreme siempre, es el último Premio Azorín y quien lo ha merecido es la también actriz Nuria Gago. Bien, no es la mejor novela que he leído en mi vida, pero recomiendo su lectura para prestar atención a un dato importante. Cómo abandonamos a las personas mayores, cómo miramos hacia otro lado y cuán importante es cambiar la mirada dado que somos una sociedad cada vez más longeva, y que sufre con más gravedad que nunca la soledad. Pensemos y repensemos, por favor, sobre este aspecto. No es una tontería. 




Por último, como si yo fuera una ego-blogger que cree que mis planes molan, añadiré que siempre es un placer visitar el Museo Reina Sofía. Volví el domingo por la tarde, cuando a partir de las 13 horas, la entrada es gratuita. Si bien, no está abierto en su totalidad. Pero no importa, es tan grande que con las plantas que sí son accesibles, es suficiente.

El Reina fue uno de los primeros museos que visité en mi vida. Lo hice junto con mi hermano Pablo un mes de agosto infernal que tuvimos a bien pasar unos días en Madrid junto a nuestras tías. 

Entonces, la exposición principal giraba en torno al pop art, Andy Warhol y sus coetáneos. Y claro, nosotros, llegados del pueblito y con un breve recorrido museístico, no entendíamos nada entre escaleras, neveras abiertas y neones. Ese día yo intuía que, lo entendiera o no, el arte merece la pena ser observado, repensado y disfrutado. 

Y en ésas sigo.

Feliz noche, fieles lectores confesos y no confesos.

PD. Observo que en este post repito 'repensar'. Sí, me encuentro en una etapa muy reflexiva. Quedáis avisados.